Arena, hueso, tierra húmeda, piedra al sol.
Trabajamos con una paleta corta y deliberada. No porque sea más fácil, sino porque los tonos naturales conviven entre ellos: cualquier pieza entra con cualquier otra, y el armario deja de ser una colección de prendas sueltas.
El color que no cansa es el que ya estaba ahí antes que nosotros.